Se podría decir que el origen de la crisis económica está en Estados Unidos, debido a diferentes factores, entre los que se destaca, los altos precios de las materias primas, la crisis alimentaria mundial, una elevada inflación planetaria y a esto se le uniría una crisis crediticia, hipotecaria y de confianza en los mercados.
Todo empezó en 2001, cuando se produjo la explosión de la burbuja Internet, fue entonces cuando el mercado inmobiliario empezó a despegar y el precio real de las viviendas se duplicó en Estados unidos. Los tipos de interés bajaron excepcionalmente del 6.5% al 1%, por lo que los bancos para aumentar su negocio dieron prestamos a personas con mayor riesgo, disminuyendo su margen, pero haciendo más operaciones. A las hipotecas concedidas a estos clientes de mayor riesgo, se denominaron, “hipotecas subprime”.
Este planteamiento fue bien durante algunos años, mientras los clientes iban pagando los plazos. Al aumentar el número de préstamos, los bancos necesitaron más recursos, por lo que acudieron al mercado internacional, como por ejemplo a los bancos españoles, mediante obligaciones hipotecarias, que son participaciones en los préstamos hipotecarios que el banco tenía concedidos.
A principios del 2007, los precios de las viviendas norteamericanas se desplomaron y muchos deudores dejaron de pagar sus préstamos, ya que sus viviendas valían menos que el préstamo que tenían concedido. Automáticamente, perdieron valor las obligaciones hipotecarias emitidas por los bancos norteamericanos. Los bancos de otros países comenzaron a tener perdidas, por lo que acudieron al mercado interbancario teniendo que pagar un interés mayor, debido a la falta de fiabilidad.
Al tener menos dinero los bancos, las consecuencias fueron, que no dieron créditos, no dieron hipotecas, el Euribor subió( Europe Interbank Offered Rate, es decir, la tasa de interés ofrecida en el mercado interbancario en Europa), los bancos vendieron sus participaciones a empresas( con lo cual bajan el valor de las acciones en bolsa) y vendieron sus edificios, por lo que baja aun más el precio de los inmuebles.
Como consecuencia de ello, los consumidores, al disponer de menos créditos y al verse encarecidos sus préstamos hipotecarios, reducen el consumo. Al ser reducido el consumo, disminuye la demanda y por tanto, la producción, dando lugar a una reducción de personal por parte de las empresas productoras y comerciales (aumentando el paro). De nuevo el consumo se vuelve a reducir, por el aumento del paro.
Estas reducciones en el consumo, producción y empleo, da lugar a una reducción en los impuestos de las rentas, impuestos en los consumos e impuesto sobre sociedades, es decir, a una disminución de los ingresos públicos. Mientras que los gastos públicos, no solo se reducen, sino que se ven aumentados como consecuencia del aumento del paro. Esto da lugar a que el endeudamiento público, aumente desproporcionadamente dando lugar a la falta de credibilidad sobre los gobiernos y su posibilidad de devolución de la deuda pública, encareciéndose ésta considerablemente.
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